Hija mía, quisiera que fueras mi sangre, quisiera haberte engendrado años atrás y aprender de tu amor, haberte enseñado a caminar y a maldecir, sentir tu abrazo cariñoso y tu rabia de niña caprichosa cada tarde al volver cansado del mundo. Quisiera, hija mía, haberte visto crecer cada segundo detenidamente como quien ve crecer una flor, ponerle atención a cada pequeño detalle de tu pequeña vida y escuchar de ti el honor de la palabra "papá".
Hija mía, quisiera poder decirle a todo el mundo lo orgulloso que estoy de ti, tomarte de la mano y salir a pasear por algún lugar nuevo cada día y que la gente envidie la suerte que tengo de de poderte decir "te amo, hija mía".
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